martes, 29 de noviembre de 2016

EL MITO DEL PERÓN HISPANISTA 

(O LA AYUDA ENVENENADA A ESPAÑA)

Por Cristián Rodrigo Iturralde

Habiendo concluido recientemente un trabajo sobre las dulces y aceitadas relaciones entre el extinto líder justicialista, Israel y el sionismo, hube de referirme forzosamente también -a fuer de trazar un cuadro comparativo- al carácter de la vinculación que mantuvo Perón con España, y a sus motivaciones. 

Investigando y analizando minuciosamente el asunto, queda clara la efectividad de ciertos relatos, mitos, que lograron sostenerse hasta la actualidad a pesar de su falsedad. Nos referimos a aquella leyenda rosa repetida urbi et orbi según la cual Perón y su régimen habrían sido férreos defensores de la línea histórica de la hispanidad y sus valores, pero fundamentalmente en lo referido a la supuesta filantropía peronista hacia la Madre Patria. Sin embargo, tal difundidísima aserción es equivocada (o a lo menos altamente cuestionable). Contrariamente al trato dispensado a Israel, la relación y los acuerdos con España dejaron bastante que desear.

Verán por qué lo decimos.

Suele creerse que España no existía para Argentina hasta que el líder justicialista se hizo del Poder Ejecutivo. Y lo cierto es que las amistosas relaciones comerciales entre ambos países habían comenzado ya a fines de los años 30´ (plasmado fundamentalmente en los acuerdos comerciales de 1940 y 1944), persistiendo durante sólo un par de años del gobierno peronista , terminando en pésimos términos . 


Al respecto convendrá comenzar recordando que el 28 de febrero de 1939, ante la desesperada situación de hambruna que azotaba a la Madre Patria, el presidente Roberto Marcelino Ortiz dispuso la venta de 200.000 toneladas de trigo a España, concediéndole amplios créditos, erigiendo a Argentina como su mayor exportador . Las ventas continuaron concertándose a pesar que, como remarca la historiadora Beatriz Figallo, las naves españolas seguían llegando vacías a los puertos argentinos, sin contrapartida de productos y sin dólares. Al año siguiente, más precisamente en julio de 1940, se convino la venta a España de otras 500.000 toneladas de trigo. Como era presumible esperar de una nación que acababa de concluir una feroz guerra civil, los medios de pago con que contaba eran bien pocos: hierro, créditos argentinos y escasas divisas. Sin embargo, al año siguiente se habían firmado nuevos acuerdos de venta por otras 350.000 toneladas de maíz, 380.000 de trigo y 120.000 de algodón de fibra. 

En 1942, durante las denominadas ¨sesiones de Río de Janeiro¨ , la Argentina del Dr. Castillo y del destacado canciller de Relaciones Exteriores Dr. Enrique Ruiz Guiñazú, ofreció una nueva muestra de autodeterminación política y patriótica virilidad, rechazando apoyar las exigencias norteamericanas de romper todo vínculo con las potencias del Eje, incluida España. Negativa ésta que llevó a nuestro país a recibir un trato duro y discriminatorio por parte de los EEUU; visible particularmente en lo concerniente al abastecimiento de armamento, donde el coloso del norte proveía de estos recursos militares sólo a aquellas naciones que se habían decidido por apoyar la causa Aliada, dejando a nuestro país en una condición precaria en este sentido y de notable indefensión (en comparación, por ejemplo, a Brasil). Pero el gobierno de Castillo decidió no dejarse amedrentar por el chantaje estadounidense, conservando su posición original y procurando hacerse de esos preciados recursos sin renunciar a la defensa de la soberanía nacional (siguiendo aquí la línea que había inaugurado con gran coraje don Hipólito Yrigoyen). Así las cosas,  y para gran disgusto de los EEUU, la Argentina acudirá a España –también a Alemania- para importar -a cambio de sus alimentos- hierro, pólvora y otras materias primas indispensables para el desarrollo industrial propio, y navíos para su Marina de Guerra. En septiembre del mismo año se estableció un nuevo acuerdo:

El acuerdo establecía la venta a crédito al gobierno español de un millón de toneladas de trigo y de 3500 de tabaco, en el plazo de 18 meses, comprometiéndose España a enviar a cambio a la Argentina 30.000 toneladas de hierro y acero anuales, a razón de 7500 por trimestre, y a construirle dos barcos mercantes de 9000 toneladas y un destructor del tipo Cervantes, en un plazo de 30 meses, y también, a facilitar medios de transporte para petróleo .

Por toda esta ayuda y su inquebrantable voluntad y compromiso, Franco otorgó al presidente Castillo el Collar de la Orden de Isabel la Católica. 

Incluso en el año 1943 se mantuvo la regularidad del suministro de cereales; año en que la cosecha había sido muy escasa y que su venta había sido prohibida por decreto, exceptuando sólo a España y a Gran Bretaña de esta restricción . La Argentina, hasta parte del gobierno de Ramírez, vendió trigo a crédito a España en momentos que el mercado internacional ofrecía mejores precios.

Esta asistencia de los gobiernos conservadores argentinos fue vital para una España que acababa de emerger de una sangrienta guerra civil, debiendo incluso hacer frente al avieso boicot internacional iniciado por los EEUU. Este dato suele ser desatendido, llevando a muchos a creer que las relaciones con el país peninsular y la concesión de amplios créditos comenzaron bajo la tutela del gobierno peronista. Vemos entonces que nada más alejado de la realidad.

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El caso de Perón fue bastante distinto a lo que suele afirmarse. La suposición básica de una Argentina que apoyó decidida y firmemente a una España en dificultades motivado exclusivamente por cuestiones ideológicas o de simpatía resulta -cuanto menos- naive y carecen de todo sustento. Tal relación fue constituida básicamente por la naturaleza pragmática y oportunista de las políticas de Perón -que Franco jamás ignoró, más allá de los adornos retóricos que pretendió endilgársele luego-. Lo cierto es que la situación catastrófica y de acuciante necesidad en la que se encontraba España no le dejó demasiadas opciones, y hubo de aceptar forzosamente la ¨ayuda envenenada¨ de Perón. 

Cuenta Raanan Rein que a pocas semanas de haber sido elegido presidente Perón, el jurista católico Atilio Dell´Oro Maini, en conversación con el embajador de España en Buenos Aires, expresaba su preocupación hacia las políticas que este podría adoptar: ¨Sin que yo quiera decir que el Coronel Perón sienta enemistad con España y su régimen, puede estar usted seguro que si le conviniera en un momento de su política para los fines propios que él se ha fijado, llegaría incluso al rompimiento de (las) relaciones con España¨ . Presagio éste que, como se verá, se cumplirá años después.

Aún en los tiempos de cooperación entre ambos regímenes, el embajador español en Buenos Aires, José María de Areilza, comentará luego desde sus Memorias: ¨… bien analizado el problema no era todo de simpatía y afecto entre naciones, como gustan creen tantas gentes ingenuas que suponen la existencia y preponderancia de tales corrientes en la acción exterior de un país, sino de equilibrio y resultado de fuerzas e intereses diversos¨ .

Si bien es cierto que en 1946 Argentina fue una de las pocas naciones que se declararon contrarios en la ONU al boicot diplomático contra España, lo cierto es que no hubo nada de excepcional en tal medida; era pues el resultado de una tradición nacional de no intervención en los asuntos internos de estados soberanos. Así como en este sentido se favoreció a España, también se asistió a otros países como Italia, por ejemplo, apoyando su ingreso en las Naciones Unidas. 

No débese, por tanto, buscar la explicación de esta ayuda eventual a España en motivos sentimentales, sino más bien pragmáticos, como hemos señalado. No puede soslayarse el hecho que, para ese entonces, Perón cargaba ya con la responsabilidad de haber sido el primer presidente que se había mostrado dócil y sumiso –en el orden internacional- a algunos de los intereses de los imperialismos comunistas y capitalistas, al haber declarado la guerra al Eje el año anterior y suscripto al infame Tratado de Chapultepec. Por tanto, de haber apoyado además la moción de los vencedores de Yalta contra España, hubiera quedado a la vista como un títere de aquellas potencias, dejando en evidencia la fragilidad de sus discursos en pos de la soberanía y auto determinación política, y perdido además su principal caudal electoral, principalmente compuesto por nacionalistas, católicos y demás corrientes enfrentadas a la ¨sinarquía¨. Como hombre eminentemente informado y utilitarista, sabía mejor que nadie que ya no le quedaría crédito de ¨nacionalista¨, de gurú y adalid de la –llamada- tercera posición, equidistante tanto del capitalismo como del comunismo, si se sumaba nuevamente a las pretensiones sajonas. 

Incluso, como ha sido advertido por varios autores, este apoyo momentáneo a España en aquel preciso momento, lejos de haber estado fundado por algún veraz y sentido afecto hacia la Madre Patria, tenía por objeto alinearse decididamente a EEUU en lo concerniente a sus políticas anticomunistas, procurando ganar su beneplácito. ¨(Perón) comenzó a diseñar su apoyo al régimen de Franco como una política que se ajustaba a los intereses internacionales de Washington y a su lucha para frenar la influencia comunista en Europa¨ . Hay que comprender rectamente la situación económica argentina en esos años de posguerra y considerar los tratados económicos que suscribió con varios países europeos y latinoamericanos para entender que la vinculación con España fue casi estrictamente de sentido comercial y político. 

En cuanto a la presunta filantropía del régimen peronista, habrá que aclarar también que en tal contexto, los acuerdos comerciales entre ambas naciones y los sistemas de pago no tuvieron nada de extraordinario. Como comenta un reputado investigador, entre junio de 1946 y noviembre de 1948, Argentina firmó acuerdos de comercio bilaterales con más de 13 estados, ¨motivada por el deseo de diversificar los mercados de exportación y fuentes para el abastecimiento de importaciones vitales, maquinarias y materias primas¨ . Se pretendía garantizar la demanda de sus productos, a altos precios, por al menos cinco años. Por tanto, España no fue dispensada de ningún trato especial. Sin los generosos préstamos o créditos, ninguno de los países (destruidos económicamente por la guerra) hubiera podido adquirir nuestros productos (muchos excedentes que había que ubicar imperiosamente para que no se pudrieran en los silos). 

Es importante remarcar que Argentina jamás tuvo la posibilidad de elegir donde colocar sus productos en aquella Europa abatida de posguerra. La tradicional relación comercial con Gran Bretaña tampoco iba a persistir por mucho más. Había que buscar urgentemente nuevos mercados. Aún no percibiendo el total de los pagos pactados (como sucedió con España), era ya un gran negocio para la Argentina, un win win situation, como dirían los estadounidenses (puesto que, como recién señaláramos, de no haber comerciado, nuestro país hubiera tenido que tirar sus alimentos al río). 

Un autor demuestra claramente desde sus estudios que España no recibió un porcentaje excepcionalmente alto de las exportaciones agrícolas argentinas:

Los tratados preveían que si los excedentes exportables de trigo fueren menores de 2.6 millones de toneladas, España tendría derecho a recibir por lo menos el 15% de ellos en 1947 y el 12% en 1948. Una cantidad similar se reservaba a Italia, pero al Brasil se le había garantizado el 43%. En cuanto al maíz, los acuerdos especificaban que si los excedentes de exportación disminuían a menos de 500.000 toneladas, España recibiría el 24% en 1947 y el 20% en 1948. A Suiza e Italia se les prometió cantidades comparables, en tanto que a Holanda le fue garantizado un 33% .

Por otro lado, las estadísticas muestran claramente que (al menos entre los años 1947 y 1948) los principales beneficiarios de nuestros productos fueron Gran Bretaña y Brasil, teniendo garantizados anualmente grandes cantidades de trigo. Cantidades que fueron mucho mayores que las enviadas a España e Italia. Las cuotas de aceites comestibles prometidas a Italia, Francia y Gran Bretaña fueron también mayores que las que la Argentina se comprometió a enviar a España .

En relación al argumento que sostiene que la Argentina habría dispensado un trato especial hacia España al haber accedido a exportar grandes cantidades de productos a un país en ruinas al que se le iba a hacer muy difícil cumplir con los pagos pactados, hay que decir una o dos cosas. Que en símil situación se hallaban naciones como Francia e Italia, concediéndoseles de igual modo la adquisición de gran parte de nuestro cupo exportador. Ninguno de estos países estaba en condiciones de pagar con dólares, que Argentina necesitaba urgentemente para comprar equipos y maquinas en los EEUU. Hay que advertir asimismo que lo que Perón buscaba con estos envíos hacia Europa –que publicitaba deliberadamente a toda pompa- era mostrar al mundo, y especialmente a los EEUU, que la Argentina estaba en condiciones de abastecer al mundo, y que debía ser integrada al Plan Marshall -que pretendía la rehabilitación de las economías europeas-. Lo que se buscaba, en fin, era que los beneficiarios europeos gastaran dólares (que tanto necesitaba el país) en mercancías argentinas.

Luego, en relación a esta ¨desinteresada¨ ayuda Argentina, habrá que convenir en que nuestro país necesitaba apremiantemente de productos y bienes vitales para fortalecer su industria metalúrgica y la de acero, que sólo España podía ofrecer en grandes cantidades y a precios razonables. 

Otra cuestión fundamental que suele pasarse por alto son los leoninos precios que Argentina cobró a España, que no sólo no gozó de alguna rebaja, a pesar de sus terribles privaciones, sino todo lo contrario. Las protestas por los usurarios precios de la Argentina se hicieron sentir en todo el mundo. ¨A mediados de 1947, por ejemplo, una agencia noticiosa francesa informó que la Argentina estaba a punto de aumentar el precio del maís. Hasta entonces cobraba 22-25 pesos por 100 kilos de maíz; ahora exigiría 36 pesos. Poco antes, -afirmó la misma agencia- los argentinos vendían maíz a España al precio de 64 pesos por 100 kg, aprovechando que España no tenía dólares y en consecuencia no podía comprar maíz en los EEUU¨ . En varios casos, España pagaba tres o cuatro veces más caro el precio vigente en el mercado mundial. ¨Ambas partes¨, escribe Rein, ¨hicieron todo lo posible para aprovechar la situación y conseguir los mejores precios y condiciones. Argentina pidió siempre precios por encima de los de mercado, sabiendo la necesidad urgente de España¨ . Preguntado acerca de si era cierto que Argentina había donado a España los alimentos enviados, Rein responde tajantemente:

No fue así. El gobierno peronista siempre buscó hacer un negocio porque no era una alianza ideológica entre ambos líderes, aunque había algunas semejanzas. Había intereses mutuos afines. Argentina tenía problemas en exportar sus productos agrarios, sobre todo porque el Plan Marshall cerró la puerta de los mercados europeos. Por eso buscaban nuevos mercados, y España era uno. Perón también quería mostrar que la tercera posición existía a nivel internacional y ayudar a los españoles, boicoteados por el bloque socialista y por Occidente, era el caso ideal: Argentina venía en forma independiente a ayudar. Argentina también estaba interesada en fomentar la inmigración española, en especial de técnicos para cumplir el plan quinquenal y la industrialización. No fue una ayuda romántica sino calculada, que tenía fines propagandísticos, económicos, políticos.

Perón también cultivó este mito hispanista como un ingrediente de la nueva identidad nacional que quería formar, un mito aglutinador para esta sociedad de inmigrantes. Pero como era un político tan pragmático, no tuvo problema en dejar de lado este mito cuando las relaciones políticas y económicas con España se deterioran, a partir de 1950, y tomar entonces el de la latinidad. Ahí se pone a hablar de la herencia de Roma imperial, a dar discursos sobre Italia y la identidad común. Lo ideológico siempre tenía un papel estratégico para Perón, servía a fines políticos o diplomáticos. Mire, llegó al punto de que Perón consideró en 1954 la posibilidad de romper relaciones con Madrid y reconocer el gobierno republicano en exilio mexicano. Es otro caso de zigzagueo: cuando le conviene, mantiene relaciones estrechas con Franco; cuando no, la prensa peronista comienza a criticarlo como a un dictador sin legitimidad ni sensibilidad social, un reaccionario. Lo ideológico no tenía tanta importancia .

Nada de altruista o generosidad desinteresada hubo, pues, en estas relaciones entre Perón y España.

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La vinculación ¨amistosa¨ entre ambas naciones se extendió únicamente entre 1946 y 1949, año en que comenzará a desintegrarse en forma total hasta un punto de no retorno. A fines de 1948 y 1949, prácticamente se habían suspendido los envíos a España, exigiendo ahora para su reanudación el pago de éstos en dólares. Naturalmente, no fueron pocas las voces de protesta que llegaban desde España, que ahora se veía en la disyuntiva de alimentar a su pueblo o hipotecar toda su economía, quedando sin perspectivas de desarrollo y recuperación en el corto y mediano plazo. Reclamos estos que no cayeron nada bien al gobierno justicialista, que enseguida comenzó a hacer sentir su infundada furia sobre España y la Hispanidad, sin distinguir en absoluto lo temporal y coyuntural (político y económico) de lo perenne (como el ideario y legado cultural, religioso y filosófico que trae consigo la hispanidad).

En 1949 fue destituido de su cargo el secretario técnico de la Presidencia, José Figuerola, español de nacimiento, que había sido clave en la obtención de ayuda para España. Este alejamiento fue obra de Eva Perón, que hizo incluir una cláusula en la nueva constitución que prohibía a toda persona nacida fuera de la Argentina el ejercicio de un cargo ministerial . Por el mismo tiempo, las relaciones del matrimonio Perón con el embajador español Areilza se habían deteriorado notablemente. 

¨Ya en el transcurso del año 1949¨, dice Rein, ¨se revelaron ciertas dificultades en las relaciones entre ambos estados y los lazos comerciales fueron balancéandose de una crisis a la siguiente, hasta su casi total paralización. En diciembre de 1949 el canciller argentino Hipólito Jesús Paz le anunció a su colega español que la Argentina no podía seguir otorgando créditos y que se veía obligada a suspender el Protocolo Franco-Perón¨ . El revés argentino causó gran indignación y preocupación en España, llevando a su Ministro de Asuntos Exteriores, Martín Artajo, a declarar a su par argentino la "excepcional gravedad que supone para la economía española la súbita supresión de nuestra principal fuente de abastecimiento de cereales" .

De 1951 a 1955 las relaciones se tornaron cada vez peores. 

Tal es así, que en 1954 se rumoreaba que la Argentina iba a romper lazos diplomáticos con Franco y establecer en cambio relaciones con el gobierno republicano en el exilio (rumor este bastante fundado, pues no era ningún secreto la presencia de republicanos exiliados en el gobierno de Perón). El ministro de Relaciones Exteriores argentino, Jerónimo Remorino, se negó a recibir al diplomático franquista Manuel Aznar e incluso a contestar sus cartas. Aquí comienza una guerra abierta desde los medios peronistas hacia España y su caudillo Francisco Franco. Otro dato de interés a los efectos de intentar descubrir el pensamiento de Perón acerca de Madre Patria nos lo ofrece el año 1954, cuando los programados festejos por el Día de la Hispanidad en Argentina fueron suspendidos por orden de Perón , a través del comunista y filosemita Borlenghi, a la sazón Ministro del Interior, que entre sus asistentes más destacados estaba el marxista español Francisco Galán. Para ese año y el siguiente, el gobierno peronista había adoptado una postura marcadamente anticatólica e izquierdizante, particularmente a raíz de gran parte de sus más importantes funcionarios, que eran marxistas, masones, judíos y sionistas. El Ministerio de Relaciones Exteriores estaba a cargo de Remorino (influido notablemente por el comunista español Jiménez de Ansúa) y el ministro de Asuntos Técnicos contaba entre sus asesores al anarquista español Diego Abad de Santillán. A fines de 1954, Perón ordenó suspender una ceremonia en que la Universidad de Buenos Aires debía otorgar el doctorado honorario al jurista español Javier Conde, y las conferencias que el rector de la Universidad de Madrid, Pedro Laín, debía ofrecer en la Universidad de Buenos Aires .

Aquel discurso tan celebrado de Perón sobre la Hispanidad había quedado bien atrás. Ahora el sedicente nacionalismo de izquierda peronista presentaba a la argentinidad y a la hispanidad eminentemente católica como dos concepciones diametralmente opuestas. Cuando en 1948 los manuales del gobierno peronista instaban a los historiadores a alejarse de la leyenda negra anti española, en 1954 el manual oficial sería completamente contrario; comenzando con una descripción de la ¨violenta subyugación¨ de América por parte de los conquistadores, que oprimieron y explotaron brutalmente a la población indígena. Los conquistadores, decía, vinieron a América para enriquecerse fácil y rápidamente, y quisieron explotar la tierra y los habitantes del continente sólo para su propio beneficio. Los indios llevaron una miserable existencia a todo lo largo del período colonial;  muchos fueron tratados tan ignominiosamente, que perdieron la vida. El período del dominio español vio el advenimiento de la oligarquía explotadora, la injusticia, el abuso del hombre por sus semejantes y otros males . No se consignaba allí ninguna mención sobre la España como Madre Patria de América, y su excepcional legado religioso y cultural. 

Los principales órganos de difusión peronistas, como Crítica, Noticias Gráficas, La Época, El Laborista, etc., atacaron con un sinfín de agravios a España cuando esta rehusó someterse a las leoninas condiciones impuestas por el peronismo. Los citados diarios esbozaban consignas como las siguientes: ¨Somos adultos y soberanos (…) y nada de iberos, sino latinos y muy latinos¨ . La edición de agosto de 1971 (núm. 52) de Todo es Historia transcribe varias de los insultos (algunos verdaderamente grotescos) que la prensa peronista dirige al Generalísimo y a España.

Extirpada la Hispanidad, Perón comenzará por poner sus ojos en Italia, rescatando ahora el concepto de Latinidad para oponerlo al de Hispanidad . Perón se mostraba ahora como un gran amigo de Italia desde siempre, mostrando como credenciales su ayuda económica a ese país (mediante el envío de alimentos) luego de la Segunda Guerra, el apoyo en la ONU y la recepción de grandes contingentes de italianos. Aseguraba también que (contrariamente a España) Italia había sido la única nación que había ayudado a Argentina cuando las dificultades económicas de 1951-1952, ofreciendo amplios créditos. En uno de sus discursos, dirá: ¨La historia de las luchas y los sufrimientos de Italia es parte de nuestra historia, puesto que estamos íntimamente ligados a ella por indestructibles vínculos de estirpe y cultura¨ . En este sentido, ahonda algo más Rein, confirmando lo antedicho por nosotros:

También el concepto de Hispanidad cayó en bancarrota en pocos años. En las últimas etapas de su gobierno Perón dejó a un lado sus intentos de entrelazar la cultura argentina y el legado hispánico en América y prefirió cambiarlo por el concepto de `Latinidad', muy a pesar de los mandos españoles. El Presidente declaraba ahora: "Todos hemos bebido en esa fuente eterna que fue Roma y seguimos bebiendo en esa eterna fuente que es la latinidad", y prometió festivamente a sus compatriotas: "no omitiré esfuerzo para que cada día nuestra unidad con Italia sea más fuerte y más profunda, porque sé que con ello estoy cumpliendo el mandato de la Historia"  .

Cuando Perón fue depuesto en septiembre de 1955, concluye Rein, ¨no tuvo el régimen franquista demasiados motivos para lamentarlo¨ .

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La prolongada estadía de Perón en España ha llevado a varios autores a creer que Franco tuvo una gran estima por éste. No obstante, esta tesis resulta bastante frágil si se analiza detenidamente el asunto. Lo cierto es que Franco nunca quiso a Perón en España e hizo todo lo posible por impedir su entrada, y no debería sorprender que así haya sido efectivamente. Pues sumado al hecho del ya mentado conflicto con la Iglesia Católica, aun permanecía latente en España el destrato y los agravios del entonces depuesto régimen hacia la figura del Caudillo. Tampoco agradaban al dictador español los constantes guiños de Perón hacia la izquierda revolucionaria y los panegíricos dedicados al Che Guevara y a Fidel Castro. En 12 años, sólo una vez se vieron personalmente . Como antecedente hay que mencionar que en 1956 Franco negó a Perón permiso para exiliarse en España (esta era su primera elección), motivo por el cual hubo de pulular forzosamente por otros países americanos. La caída de Perón fue incluso festejada airadamente por gran parte de los círculos franquistas, que veían en el General Lonardi a alguien mucho más cercano a los ideales franquistas, por su condición de católico y nacionalista . 

¿Por qué entonces se decidirá el Caudillo por recibirlo años después? Se esgrimen varios motivos, de los cuales dos resultan particularmente plausibles. Raanan Rein asegura que se debió, en gran parte, a la presión ejercida por los grupos falangistas sobre Franco, que por su naturaleza (a veces aconfesional, con algunos elementos de corte social progresista), veían con buenos ojos al ex presidente argentino. Aunque también había una crítica solapada al Generalísimo, como señala Rein: ¨La Falange perdió influencia política al fin de la guerra civil y luego de la derrota del Eje. Los falangistas vieron en Perón y su mezcla de nacionalismo e ideas sociales progresistas, digamos así, con apoyo popular, una continuación de las ideas de su fundador José Antonio Primo de Rivera. Para ellos era una manera sutil de expresar sus reservas sobre la política tan conservadora de Franco, por lo que realmente hicieron lo posible para ayudarlo¨. 

Franco acepta a regañadientes el pedido, aunque impone a Perón una serie de condiciones como no hablar de política públicamente ni buscar o mantener contactos políticos en España . Lo cual nos lleva al segundo (tal vez, principal) motivo por el cual Franco aceptó al ex presidente argentino, que pareciera bastante claro: necesitaba tenerlo vigilado (seguramente, con el aval de los EEUU). De hecho, la inteligencia española se encargó celosamente de ello (aunque Perón encontrará no pocas veces la forma de burlar tal vigilancia). Lo curioso del asunto es que se temía su perdurable influencia en las masas argentinas e hispanoamericanas, pero no por fascista o nacionalista, ¡sino por marxista! En un mundo partido en dos mitades enfrentadas a muerte, Perón asomaba como el líder capaz de levantar a los pueblos en favor del marxismo internacional (recordar sus abiertos elogios a los terroristas Ernesto ¨Che¨ Guevara y Fidel Castro, recién referidos). Si bien es cierto que declinó en numerosas oportunidades aceptar el consejo de su amigo John Cook, de exiliarse en Cuba, los motivos a ello podrían encontrarse seguramente en la faceta personalista de Perón, a quien no le agradaba estar bajo las órdenes u órbita de nadie. 

Juan Bautista Yofre cuenta un dato poco conocido que deja en evidencia la poca estima en que Franco tuvo a Perón hasta el final: 

Veo un Franco no proclive al retorno del peronismo al poder, porque daba la sensación de desorden. Se lo va a advertir al general Lanusse. Franco tiene un gesto insólito, ya que en plena campaña electoral en Argentina, en 1972, recibe la visita oficial de un presidente de facto como Lanusse. Franco le preguntó si iba a haber elecciones y quién va a ganar. Cuando Lanusse le dice que el peronismo, Franco le pregunta entonces que para qué va a haber elecciones .

Franco, contrariamente a Perón, siempre consideró a Israel un elemento fundamental de la conspiración y maquinaria anticristiana, al que creía parte del ¨complot judeo masónico¨; satélite del régimen comunista ruso, como puede apreciarse en varios de sus escritos y declaraciones. No le faltaba razón, pues los primeros gobiernos y políticos israelíes fueron notoriamente marxistas, y fue Rusia precisamente el primer país en el mundo en reconocer a Israel siendo asimismo su principal proveedor de armamento militar. 
Invariablemente, el dictador español estuvo siempre y firmemente del lado de la causa árabe; si bien no desconocemos que más allá de las afinidades ideológico políticas entre éstos, existieron también motivos de índole pragmática: España necesitaba los votos árabes para ingresar en la ONU y éstos a su vez requerían de su apoyo para la cuestión referente a la partición de Palestina-. Por ello no sorprende que, en 1949, el Estado de Israel votara en contra de levantar las sanciones contra España en la Asamblea General de las Naciones Unidas debido a la simpatía del régimen con las potencias del Eje y al presunto apoyo material que España les habría dispensado.

Pero sea como fuere, lo cierto es que Franco fue antisionista de la primera a la última hora, y jamás reconoció al Estado de Israel . Hubo que esperar hasta el año 1987 para que España estableciera relaciones diplomáticas con tal país. 

Recapitulando, queda entonces claro que la naturaleza de las relaciones de Perón con Franco y España fue estrictamente económica y política. Contrariamente, el vínculo de Perón con respecto a los hebreos, Israel y el sionismo perduró hasta el momento mismo de su muerte, y trascendió la mera retórica, apoyándolos política, económica y moralmente. 

Pero este es asunto para una próxima entrega.






NOTAS:

 -Hacia los años 1949-1950 las relaciones hispano-argentinas irán deteriorándose gradual y gravemente. En agosto de 1949 Argentina suspendió por completo los envíos de cereales a España. El apoyo de Argentina a España ante la ONU estuvo representado casi en soledad por el ministro José Arce; desplazado poco después. No obstante, recién en diciembre de 1955 la España de Franco será incorporada a la ONU. Argentina firmó tratados similares con Francia, Italia, Checoslovaquia y Holanda.
  -Si bien persiste en el imaginario popular la idea de que Perón donó alimentos a España, esto es algo totalmente errado. El acuerdo comercial era completamente favorable a la economía Argentina, que debía ubicar los excedentes de alimentos en los países que fuera posible. En una Europa devastada por la guerra, eran muy pocos los países en condiciones de poder pagar por los productos argentinos, por lo que se hizo forzoso otorgar créditos a tales países. Según investigaciones de varios investigadores, entre ellos Raanan Rein, Perón, aprovechando la urgencia y necesidad de los países europeos, vendía a España los alimentos a precios por encima de los del mercado. Raan Rein. Consultar al respecto de este tema la entrevista que Sergio Kernian le realiza para el diario Página 12 (18/8/2003). Cfr. http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-24265-2003-08-18.html.
  -Adrián Escobar, Diálogo íntimo con España. Memorias de un embajador durante la tempestad europea, Club de Lectores, 1950, p. 258 y ss., Las relaciones comerciales con España, 11 de junio de 1942 y Las ventas oficiales a España, 3 de junio de 1942, en La Prensa, Buenos Aires. Los datos los hemos tomado del libro de Beatriz Figallo, El protocolo Perón-Franco, Corregidor, Buenos Aires, 1992, p. 14.
 - Originalmente llamada “III Reunión de Consulta entre los Ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas” que se celebró del 15 al 28 de enero de 1942 en la entonces capital de Brasil, en Río de Janeiro, con la intención de romper las relaciones diplomáticas, comerciales y otras con los países del EJE.
-  Beatriz Figallo, p. 27.
- Idem. P. 35.
  -Bulnes a MAE, 5 de abril de 1946 (AMAE, R.1752/1).
  -Areilza, Así, p. 206. 102.
 - P. 110. Raanan Rein, Entre el abismo y la salvación, El pacto Perón Franco, Editorial Lumiere, Buenos Aires, 2003.
 - 128. Ver Hugh Byron Carnes, Notes on Argentina´s Bilateral Compensatory Trade Agreements (Nueva Orleans, 1949), caps. 1 y 2.
  -Pp. 129-130.
 - Carnes, notes, pp. 10-12. Fodor da cifrar sobre las exportaciones de trigo de la Argentina en los primeros siete meses de 1947, donde queda consignado que Gran Bretaña era el mayor cliente, seguido por Brasil y luego por España. Véase Fodor, Perón´s Policies, p. 148. 129.
 - Artajo a Areilza, 2 de junio de 1947 (AMAE, R.1453/1). 133.
   -“Franco no lo quería a Perón en España”, Página 12, 18/8/2003. Entrevista a Raanan Rein. Cfr.  https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-24265-2003-08-18.html.
-  Ibíd. 
 - Véase Areilza a MAE, 18 de febrero y 14 de marzo de 1949 (AMAE, R.2627/101, R.2418/4), y Areilza, Memorias, p. 72.-
 - El Pacto Perón-Franco: justificación ideológica y nacionalismo en Argentina, Universidad de Tel Aviv. Cfr. http://eial.tau.ac.il/index.php/eial/article/view/1313/1339.
  AMAE, Leg. R. 4240 exp. 1, carta de Martín Artajo al canciller argentino Pa, 14.1.50. Citado por Raanan Rein, Ob. Cit.
  -Política Internacional antes y después de Perón, en Todo es Historia, núm., 409, agosto del 2001, pp. 58-71. Además de la relación hispano-argentina, éste número de la citada publicación incluye también investigaciones acerca de la política exterior argentina durante el gobierno de Perón, incluido sus participaciones en las asambleas de la ONU. Acerca de la campaña anti española desde los medios peronistas, ver…, pp. 233-237.
-  Raanan Rein, ob. Cit., p. 237. 
 - Manual del Peronista (Buenos Aires, 1954), pp. 3-5. 223-224
 - P. 222
 - Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina. Las relaciones con la España franquista. Consultar artículo y sus fuentes en: http://www.argentina-rree.com/13/13-012.htm. Hecho mencionado también por Raanan Rein, La salvación de una dictadura: Alianza Franco-Perón 1946-1955, CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTIFICAS, Madrid, 1995 p. 226. Consultar edición digital en: https://books.google.com.ar/books?id=DR9EC&pg=PA226&lpg=PA226&dq=perony+la+latinidad&source=bl&ots=EtplCMYpVU&sig=ZYUgRN9gadPWqt89aJeJox0TPlw&hl=es-419&sa=X&ved=0CCQQ6AEwAWoVChMIuf3_r6DLxwIVApSQCh0fjQM8#v=onepage&q=perony%20la%20latinidad&f=false.
 - En diarios La Prensa y Democracia, 12 de noviembre de 1954.
  -Rein cita como fuentes: 1) AMAE, Leg. R. 3585 exp. 22, despacho de Aznar, 12.11.54; Democracia (Bs. As.) 12.11.54.  p. 85; 2) AMAE, Ibíd., despacho de Aznar, 1.11.54; Democracia, 1.11.54.  
 - Ob. Cit. 
  Al respecto resultan muy esclarecedoras las investigaciones de Raan Rein. Consultar al respecto de este tema entrevista que Sergio Kernian le hace para el diario Página 12 (18/8/2003). Cfr. http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-24265-2003-08-18.html.
  No obstante, depuesto Lonardi, las relaciones de Franco y España con el masón Aramburu y su nuevo régimen se enfriarán notablemente.
   -“Franco no lo quería a Perón en España”, Página 12, 18/8/2003. Entrevista a Raanan Rein. Cfr.  https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-24265-2003-08-18.html
  -Ibíd. 
 - Nuevatribuna.es, Art.“Perón estaba muy resentido con Franco”, 4/5/2013. Entrevista a Juan Bautista Yofre. Cfr. http://www.nuevatribuna.es/articulo/america-latina/-peron-estaba-muy-resentido-con-franco/20130703110256094346.html
 - Nuevatribuna.es, Art.: “Perón estaba muy resentido con Franco”, 4/5/2013. Entrevista a Juan Bautista Yofre. Cfr. http://www.nuevatribuna.es/articulo/america-latina/-peron-estaba-muy-resentido-con-franco/20130703110256094346.html
 - Tras ganar la Guerra Civil, Franco cerró las sinagogas en España y prohibió su confesión religiosa. No está de más aclarar que Franco no era antijudío. Al menos no lo era al modo alemán, es decir, biologicista. A lo sumo podrá englobárselo dentro de un antisemitismo teológico, en consonancia con la mejor tradición católica-. De hecho llegó a tener buenas relaciones con los sefardíes. Pero percibía claramente el peligro del sionismo internacional, aliado incondicional tanto del imperialismo sajón como del comunismo. Mientras el régimen soviético financiaba a Israel, España enviaba soldados a Siria y proveía de armamento a los enemigos del joven estado judío. Comprendía claramente el peligro que representaron los judíos históricamente para España y la Cristiandad, enemigos irreconciliables de la Iglesia, y su plan de destrucción del Imperio hispano, siendo una muestra clara de ello sus constantes alianzas con los enemigos de España y el catolicismo, como la inestimable ayuda prestada a los musulmanes para la invasión de la Península en el año 711, obteniendo a cambio grandes prebendas.





















2 comentarios:

  1. Extraordinario artículo, muy clarificador. Coincido con usted sobre que Franco, pese a lo que pudiera parecer, no debió ser antijudío. Poca gente habla hoy de esto, pero más de 40.000 judíos salvaron su vida gracias al régimen franquista. Tal y como reconocía, entre otros, el premio Nobel de la Paz Elie Wiesel al señalar que "España fue, probablemente, el único país de Europa que no devolvió a los judíos".
    Muchas gracias por su artículo, y muchas gracias a Argentina por el trigo, por el primero, por el de 1939. ¡Viva Argentina! Un fuerte abrazo.

    Joaquín

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  2. Muchas gracias como siempre por contestar y sus generosos comentarios, Alfil. No se si utiliza Facebook o correo electrónico. Avíseme y conectamos. Abrazo grande.

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