lunes, 26 de septiembre de 2016

SAN MARTÍN, UN INTERROGANTE


Por Cristián Rodrigo Iturralde


       San Martín puede significar una influencia y símbolo positivo para las nuevas generaciones argentinas y americanas en general, hoy, a 200 años de consumada nuestra independencia, y habiendo obtenido legitimidad de ejercicio como nación. Si nos guiáramos por lo que se cree que fue, entonces sin dudas que el denominado Libertador de América se presenta como un hombre a reivindicar, máxime en estos tiempos de orfandad intelectual, desinterés patriótico, refulgente inmoralidad, venerado inmanentismo, desmesurada exaltación relativista y furibundo anticristianismo.

       Pero mal haremos en engañarnos en tan delicado asunto. Por más antipático que pueda resultar, por más consciencias y corazones que se constriñan, la verdad debe prevalecer ante todo. Y lo cierto es que –lo adelantamos- existen innegables y sugestivos claroscuros en su accionar político, y más de una cuestión de otro orden atendible de alguna consideración, que llevan a empañar aquella impoluta y angelical imagen signada desde vetustos textos escolares y algunas líneas de pensamiento.

       A este respecto, resulta harto curioso que la figura de San Martín (contrariamente a Juan Manuel de Rosas) sea reivindicada hasta la fecha por una tanto amplia como disímil gama ideológica, que incluye por igual a liberales, masones, izquierdistas, demócratas y nacionalistas (aún entre los hispanistas). Si bien es evidente que cada uno de estos grupos le ha dado su propia impronta, recurriendo no pocas veces a ignominiosas omisiones, palmarias mentiras y falacias, a fuer de que todo cuaje según su pensamiento o tesis, lo cierto es que todos cuentan con su busto del Libertador, cual exhiben orgullosamente en sus despachos. 

       Si observamos con atención, las motivaciones de cada una de estas cuadrillas para vindicar a San Martín y a los procesos revolucionarios son similares; solo varía en alguna medida la importancia y orden que otorgan a los factores religiosos, ideológicos, económicos y políticos. Pero en algo concuerdan todos: en su rechazo absoluto hacia España y la Iglesia Católica. (Ciertamente, el caso de los nacionalistas es algo más complejo, y lo abordaremos luego).

        Lo cierto e indubitable es que la acaparación de su figura es un must para todos aquellos que pretendan ser escuchados en salones académicos o construir (en América) una organización o lineamiento cultural, político o ideológico sobre base segura, sólida y popular. Pues el General ha sido expuesto como El Arquetipo por antonomasia; hombre querido y admirado por todos, ejemplo de patriotismo, conducta, altruista, generoso, heroico, es decir, como un hombre superior. Incluso no han faltado quienes han pretendido erigirlo a los altares, atribuyéndole ribetes mesiánicos, rindiéndole culto cual Santo de la espada, según lo retratara aquel obediente émulo de Mitre, Ricardo Rojas. De modo que nadie sabe bien si adorarlo, venerarlo o simplemente admirarlo. Carlos Ibarguren, quien sin ser crítico de San Martín –sino precisamente lo contrario-, alejado de la imagen esteriotipada y mítica del ¨Libertador¨, advertía con mucho tino que no debíase convertir a San Martín ¨en un símbolo o un ser a quien se le rinde culto religioso¨ . Otro de los grandes historiadores del revolucionario americano, Carlos Steffens Soler, coincide en la valoración.

        Ignorarlo, cuestionarlo o repudiarlo nunca han sido consideradas opciones válidas (o al menos, queridas o deseables), pues lo cierto es que no existían fundados motivos que lo ameritaran. Solo en tiempos recientes han ido apareciendo algunas obras críticas con atendibles argumentos e inédita y trascendente documentación, que ha forzado, en alguna medida, a cierto sinceramiento y revisión de ciertas aseveraciones asentadas anteriormente cual verdades inconcusas. 

         Parte del propio revisionismo histórico, que se les ha animado a todos, izquierdistas y liberales, ha optado más por justificar in totum una tesis -que pareciera- preconcebida que por revisar el asunto integral y verazmente. Se ha ocupado más de encontrarle salvoconductos y blindar su figura que de investigarlo, de forma tal que no hay inquisición de la cual el levantisco americanista no salga airoso.

        De modo que nos sitúan ante un hombre sin fisuras de ningún orden, devenido en la praxis en una suerte de Dios terrenal enviado desde el más allá, que no sabía de miserias humanas y que, de un día para el otro, vino a liberarnos de no se sabe bien de qué; abonando el campo para que un grupúsculo de iluministas revolucionarios dieran el golpe de gracia a España y tomaran la posta del Virreinato del Río de la Plata, dejándonos política y económicamente a merced de los británicos e ideológicamente en manos de la Enciclopedia jacobina.

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        A nuestro entender, el nacionalismo argentino, en su mayor parte, no ha mentido pero ha abordado defectuosamente el asunto. Ha fallado en la hermenéutica. Tal vez sin quererlo, o bien ha omitido, minimizado o disculpado cuestiones que son capitales, y al mismo tiempo, le ha adjudicado ese carácter a factores que serían en rigor secundarios a los efectos de intentar acordar la valoración que debe adjudicarse a la empresa sanmartiniana y su gestor principal. 

        Ejemplo palmario de ello podría ser la batalla historiográfica desatada en torno a si San Martín o la propia Logia Lautaro fue o no de carácter masónico. Pero a fuer de verdad, vistas sobradamente las consecuencias de la revolución americana y su principal beneficiario, este dato devendría casi en anecdótico. Ya las propias escrituras, con inigualable sapiencia, advertían que ¨por los frutos¨ podrán conocerse las personas, sus intenciones y los hechos. Es una obviedad de escolares, pero no está de más advertir que hombres malos y/o equivocados los ha habido siempre, dentro y fuera de las logias telúricas. Por tanto, si llegara a probarse fehacientemente y libre de toda duda que San Martín no perteneció ni adhirió a sus postulados, no queda en absoluto zanjada la cuestión de si obró bien o mal, de si fue o no realmente un patriota.

        Luego se debate acerca de si San Martín pidió o no la baja del ejercito español (al que había jurado servir de por vida, en las buenas y en las malas), pero se subestima la importancia y gravedad del hecho que al día siguiente estaba luchando contra su Patria y sus antiguos camaradas de armas, nada menos que del bando de los revolucionarios americanos en el peor momento de España. Esto es lisa y llanamente traición, con o sin baja concedida por la Corona (pues en rigor, se trata meramente de una formalidad). Adórnese como se quiera, pero eso es lo que es. 
     
       Otros han intentando justificar su retorno a América atribuyéndole un incontenible sentimiento de arraigo y gratitud hacia su lugar de origen… Pero San Martín no vivió en América sino hasta sus primeros seis años de vida, siendo formado y educado en España, donde se encontraban todas sus amistades y familiares. Por tanto ¿cuán fuerte podría haber sido ese vínculo? Pretender encontrar el motivo de su aventura americana en razones sentimentalistas raya el absurdo cuando no el sofisma. 

      Nos presentan a San Martín como un patriota argentino, pero lo cierto es que América era España y viceversa (vasallos del Reino de Castilla o la Corona, lo mismo da). No existía tal cosa como ¨Argentina¨. Y aquí hay que ser preciso, pues es una cuestión capital que suele pasarse por alto muy ligeramente, como quien obvia una coma en un texto sin trascendencia. San Martín fue un regionalista, un americanista; luchó por la independencia de tres países distintos: ¿desde cuando un patriota independiza y funda varias naciones? Ideó un plan continental, no nacional (argentino), y allí el motivo por el cual se lo denomina ¨Libertador de América¨. Otrosí, declaraba como su primer título el de generalísimo del Ejército del Perú. Póngasele los ornamentos que se quiera, pero San Martín libró sólo una batalla en territorio argentino y jamás se consideró o proclamó plena y exclusivamente argentino, sino, como hemos dicho, americano. 

       Asimismo, se nos ha enseñado que guardamos una inmensa deuda de gratitud con él por habernos liberado… Pero, ¿de qué nos liberó exactamente? Napoleón estaba en España, no en América. ¿De la nefasta regencia borbónica que había traicionado los ideales de la monarquía hispano católica? Los revolucionarios americanos estuvieron influidos de la misma mentalidad iluminista. Pero fundamentalmente, ¿Quién resultó beneficiado de aquella maniobra independentista? Los británicos. Say no more…

     Pretendiendo demostrar un presunto ideal contrarrevolucionario en San Martín, los autores que  argumentan en favor de esta tesis suelen señalar como evidencia incontestable que éste fue decidido enemigo de Rivadavia, Moreno y otros americanos de triste memoria (lo cual es cierto), pero no nos dicen que estos enconos podrían haber resultado en realidad de cuestiones de índole personal (de esas que nunca faltan en las relaciones humanas) y motivados por desavenencias en cuestiones tácticas o estrategias a implementar. ¿O acaso los masones no se han enfrentado entre ellos en guerras o contiendas de todo tipo (al igual que los comunistas y sus purgas internas)? La diferencia principal entre algunos de los revolucionarios residía en que algunos pretendían la instauración en América de una monarquía constitucional (democrática) y otros la conformación de repúblicas independientes. Algunos eran más anticatólicos que otros, o bien ¨sentían¨ la religión en forma distinta. Eso es todo.

        Todos, absolutamente todos, coincidían en la ¨necesidad¨ de romper con España y hacerle la guerra sin cuartel. El caso de Saavedra con Moreno es un buen ejemplo de ello; uno católico (liberal) y el otro jacobino y russoneano, uno abiertamente pro británico o francés y el otro no, pero de nuevo: acuerdo completo en la guerra a España.

        Es posible que Saavedra haya sido mejor persona, más simpático y apuesto que Moreno, pero esto es completamente irrelevante a nuestros propósitos; no amerita un panegírico del primero y menos incluirlo en el panteón de los patriotas; mucho menos en el de los hispanistas. Recuérdese también que Saavedra se encuentra entre quienes avalaron el fusilamiento de Santiago de Liniers, nada menos que el héroe que rechazó en dos oportunidades los intentos de invasión británicos. 

    Recapitulando: San Martín podrá haber sido intachable en su vida personal, pero aquí importa fundamentalmente su derrotero político.

        Luego, entre otras tantas, surgen interrogantes en torno a sus renunciamientos en Perú, en la guerra civil argentina y en la cuestión de su paso por Inglaterra, su exilio en Francia, y en las filiaciones masónicas de varios de sus amistadas más íntimas (que no desconocía).

     Cómo se aprecia claramente desde el vamos, las cuestiones que se desprenden al analizar su figura y legado son numerosas y de no poca valía a efectos de intentar dilucidar su valoración como ilustre y altruista ¨Padre de la Patria¨. 

     Algo que no sucede con el gran patriota argentino, Juan Manuel de Rosas, eximio defensor de nuestra soberanía y restaurador del orden y la tradición.

     Cuando hay que explicar demasiado, algo anda mal, ciertamente. 
     Blindar su figura no es la solución a nada.
    Seguiremos estando orgullosos de ser argentinos y prestos a morir en defensa por la Patria de Rosas, con o sin San Martín.


Veritas Vincit


7 comentarios:

  1. Sobre San Martín y Rosas usando la frase de Chesterton:
    "Todo el mundo moderno se ha dividido en conservadores y progresistas. El negocio de los progresistas es el de seguir cometiendo errores. El negocio de los conservadores es el de impedir que los errores sean corregidos. Aún cuando el revolucionario pueda llegar a arrepentirse de su revolución, el tradicionalista ya la está defendiendo como parte de su tradición. Es así que tenemos dos grandes tipos - la persona avanzada que nos apresura a la ruina, y la persona retrospectiva que admira las ruinas. Las admira especialmente a la luz de la luna, por no decir bajo los influjos del alcohol. Cada nuevo tropiezo del progresista o pedante se convierte al instante en una leyenda de antigüedad inmemorial para el snob. Esto es el balance, o mutuo control, de nuestra Constitución".

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  2. Muy bueno, Eugenio. No conocía esa frase de G. K.

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  3. http://reinosdelasindias.wixsite.com/reinosdelasindias/single-post/2016/04/16/Carta-de-San-Martín-a-Tomás-Guido-sobre-el-restablecimiento-de-relaciones-con-el-Vaticano

    En el link de más arriba encontrarás una carta que no deja mucho que decir.

    San Martín lamentablemente fue masón y funcional a Inglaterra. Fue un Traidor a su Patria.

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  4. http://docs.wixstatic.com/ugd/7aee56_89a7b53eacd4429f8b2944ad02145a7e.pdf

    Allí encontrarás hilos que pueden llevar a muchas respuestas de San Martín.

    Felicitaciones por el artículo y el blog. Eres un hombre de valor.

    Hay que recordar los Amigos de San Martín... Monteagudo (Dios mío, qué amigo) y Pueyrredón...que especímen.

    La Revolución de Mayo envenenó al Obispo de Buenos Aires. Benito Lué.

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  5. Fuente: Archivo General de la Nación, Correspondencia del General San Martín a Tomás Guido, S.7-C.16-A.1-N°1, en Ricardo Piccirilli, San Martín y la política de los pueblos, Buenos Aires, Ediciones Gure S.R.L., 1957, págs.158-159.

    ¿Están en su sana razón los representantes de la provincia para mandar entablar relaciones con la Corte de Roma en las actuales circunstancias? Yo creía que mi malhadado país no tenía que lidiar más que con los partidos, pero desgraciadamente veo que existe el Fanatismo, que no es un mal pequeño: Afortunadamente nuestra Campaña y Pueblo se compone (en razón de su educación) de verdaderos filósofos, y no es fácil empresa moverla por el resorte religioso.
    ¡Negociaciones con Roma! Dejen de amortizar el papel moneda, y remitan un millón de pesos y conseguirán lo que quieran. He aquí el caso de nuestra rancia amistad. Yo ya soy viejo para militar, y hasta se me ha olvidado el oficio de destruir a mis semejantes; por otra parte, tengo una pacotilla (y no pequeña) de pecados mortales cometidos y por cometer, ainda mas. V. sabe de mi profundo saber en latín, por consiguiente esta ocasión me vendría de perilla para calzarme el obispado de Buenos Aires, y por este medio no sólo redimiría todas mis culpas, sino que aunque viejo, despacharía las Penitencias con la misma caridad Cristiana como lo haría el casto y virtuoso Canónigo Navarro de feliz memoria1 .
    Manos a la obra, mi buen amigo. Yo suministraré gratis a sus hijos el Sacramento de la Confirmación, sin contar (las) mis oraciones por su alma que no escasearán. Yo creo que la sola objeción que podrá oponerse para esta mamada es la de mi profesión, pero los Santos más famosos del Almanaque, ¿no han sido militares? Un San Pablo, un San Martín, ¿no fueron soldados como yo, y repartieron sendas cuchilladas sin que esto fuese un obstáculo para encasquetarse la Mitra? Basta de ejemplos.
    Admita V. la santa bendición de su nuevo prelado, con la cual recibirá la gracia de que tanto necesita para libertarse de las pellejerías que le proporcionará su Empleo: yo se la doy con la cordialidad de su viejo amigo.

    Referencias:
    1 Con respecto al canónigo Navarro, entera un historiador chileno, que era aquél capellán del cuerpo de Granaderos a Caballo, a quien San Martín le dio los despachos (sic) de canónigo; se los confirió militarmente. (Ver: Benjamín Vicuña Mackenna, Obras Completas, San Martín, t. VIII, p. 269)

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  6. La Carta Publicada más arriba es del General San Martín

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  7. Esta carta...entre otras...sirve para desmitificar al supuesto San Martín "Católico"
    No va a faltar los "ilustrados" que se jactan de eruditos, que expondrán pomposos malabares artísticos argumentos históricos con los cuales, una vez más intentarán justificar al ídolo de pies de barro.

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